La campaña de granos gruesos 2025/26 atraviesa su tramo más crítico en el centro del país. La sequía de diciembre y enero ya dejó daños irreversibles en maíces tempranos y empezó a golpear a la soja, mientras los productores miran al cielo con la esperanza puesta en las lluvias previstas para esta semana.
La falta de agua, combinada con altas temperaturas y una radiación solar persistente, puso en jaque a la campaña agrícola en amplias zonas del sur de Córdoba y el norte de Buenos Aires. Con el período crítico ya atravesado para los cultivos de siembra temprana, productores y analistas coinciden en que una parte del daño es irreversible, aunque aún hay expectativas de recuperación parcial si se concretan las lluvias pronosticadas.
En el área de Río Cuarto, el productor David Tonello describió un escenario dispar pero preocupante. “Hay lotes directamente perdidos y caídas de rendimiento del 30 al 40%. Maíces de primera que pintaban para rindes récord hoy no son cosechables”, señaló. Si bien aclaró que no se trata de una sequía extrema como la de 2012, admitió que “el daño es importante y ya está hecho”.
A esa situación se sumó el impacto de la radiación solar. Ernesto Monchietti, también productor de la región, explicó que “más allá de no haber tenido picos extremos de temperatura, la radiación fue fortísima y terminó de golpear a los cultivos”. En varios campos, enero pasó prácticamente sin lluvias, profundizando el estrés hídrico.
Maíz temprano, el cultivo más golpeado
En Vicuña Mackenna, Sebastián Laborde estimó pérdidas del 40% al 50% en maíz temprano, incluso tras una lluvia reciente de unos 50 milímetros. “No fue salvadora. Apenas amortiguó la situación”, sostuvo. El maíz tardío aún mantiene chances, pero depende de que vuelvan las precipitaciones en el corto plazo.
Laborde también advirtió sobre un nuevo riesgo: la posibilidad de heladas tempranas a partir del 8 de febrero, un factor que podría agravar el escenario en el sur de Córdoba, La Pampa y el oeste bonaerense.
La sequía no solo afecta a la agricultura, sino también al sistema ganadero. “Las pasturas están muy limitadas, las alfalfas no reaccionan y muchos productores optaron por picar el maíz de primera para hacer reservas forrajeras”, explicó. En varios casos, la decisión fue anticipar el picado ante la inviabilidad de cosechar grano.
Soja con final abierto
En soja de primera, el panorama sigue siendo incierto. En zonas como Río Cuarto, los productores ya observan aborto de flores y vainas producto del estrés térmico. “La soja perdió una parte importante de las chauchas de mayor producción”, advirtieron.
En el centro y sudeste cordobés, Gustavo Romagnoli detalló un deterioro creciente de sur a norte. En maíz temprano, las pérdidas van del 10% al 15% en Monte Buey, pero escalan al 30% o 40% en áreas como Cintra, Bell Ville y Villa María. Muchos de esos lotes ya fueron destinados a ensilaje.
Para la soja de primera, las mermas estimadas oscilan entre el 20% y el 30%, mientras que la soja de segunda y los maíces tardíos todavía conservan potencial, aunque “necesitan lluvias urgentes”, remarcó.
Heterogeneidad y números en revisión
Jennifer Demarchi, analista de la Bolsa de Cereales de Córdoba, confirmó una heterogeneidad poco habitual en la campaña. “El norte provincial recibió mejores lluvias, pero el sur tuvo déficits muy marcados. Los maíces y girasoles tempranos atravesaron su período crítico en plena sequía y altas temperaturas”, explicó.
En girasol, pese al estrés, los primeros resultados son más alentadores: con un 11% del área cosechada, el rinde promedio se ubica en 24,6 quintales por hectárea, un nivel considerado bueno para Córdoba.

Las lluvias recientes renovaron expectativas, especialmente para soja y cultivos de segunda, aunque Demarchi advirtió que “el maíz temprano ya resignó parte de su potencial”. El Servicio Meteorológico Nacional prevé precipitaciones normales en los próximos meses, pero con temperaturas superiores a lo habitual, lo que mantiene la incertidumbre.
Desde el análisis nacional, Gustavo López, de Agritrend, consideró que las proyecciones actuales de 61 millones de toneladas de maíz y 52 millones de soja “parecen difíciles de alcanzar”. No descartó, sin embargo, una revisión a la baja más moderada si el clima acompaña: “Si llueve esta semana, puede cambiar mucho”.
Norte bonaerense, con alertas encendidas
En Pergamino y el norte de Buenos Aires, Jorge Josifovich detalló que entre fines de diciembre y enero las lluvias apenas oscilaron entre 4 y 24 milímetros. Los maíces sembrados a mediados de septiembre muestran pérdidas moderadas, pero los implantados más tarde podrían resignar hasta un 30% del rinde.
En soja de primera, ya en estadios reproductivos, la falta de agua provocó caída de flores y vainas, con riesgo de granos chicos si no se registran lluvias superiores a los 30 milímetros en los próximos días. La soja de segunda, que el año pasado logró recuperarse, enfrenta ahora un escenario mucho más ajustado y depende casi exclusivamente del clima de febrero.
