Un informe del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral y el IAE Business School proyecta que, con eliminación de retenciones, mejoras en infraestructura y mayor adopción tecnológica, el sector agroindustrial podría expandirse un 90% en la próxima década y consolidarse como el principal motor del crecimiento económico argentino.
En un contexto en el que la economía argentina necesita fortalecer la generación de divisas y consolidar un crecimiento sostenido, un nuevo estudio del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral junto al IAE Business School plantea un escenario de fuerte expansión para el agro. Según el informe, si se corrigen los principales desequilibrios macroeconómicos y estructurales, el sector podría aumentar su producción un 90% en los próximos diez años.
El trabajo, realizado en conjunto con la Bolsa de Comercio de Rosario mediante el modelo Agmemod, estima que la producción agroindustrial podría alcanzar las 251 millones de toneladas hacia el final del período analizado. Este crecimiento tendría un impacto directo en el Producto Bruto Interno y en el ingreso de divisas, reforzando el papel estratégico del agro en la economía nacional.
Actualmente, el complejo agroindustrial representa el 23% del PBI argentino y genera el 60% de las exportaciones. Dentro de ese esquema, los complejos oleaginosos y cerealeros explican por sí solos el 45% de las divisas que ingresan al país, lo que refleja su peso determinante en la estructura económica.
De cara a la campaña 2025/26, se proyecta una cosecha fina de 27,7 millones de toneladas con ingresos superiores a los 4.500 millones de dólares, mientras que la cosecha gruesa alcanzaría las 154 millones de toneladas, generando entre 32.000 y 37.000 millones de dólares.
Sin embargo, el informe advierte que el potencial del sector está condicionado por una elevada presión fiscal. La carga sobre la renta agrícola alcanza actualmente el 55,5% y llegó a picos del 63,6% en 2025. Este nivel contrasta con el apoyo que reciben los productores en otras regiones: 16% en la Unión Europea, 13% en China y 7% en Estados Unidos, mientras que en Brasil el respaldo ronda el 0,5% del PBI.
En este sentido, los especialistas remarcan que la eliminación de los derechos de exportación y la mejora en las condiciones macroeconómicas serían determinantes para incentivar la inversión y la adopción de nuevas tecnologías.
Otro de los principales cuellos de botella identificados es la infraestructura. Actualmente, el 90% del transporte de granos se realiza por camión y solo el 10% por tren. Además, de los 640.000 kilómetros de red vial del país, el 62% corresponde a caminos municipales, en su mayoría sin pavimentar, mientras que apenas 3.200 kilómetros son autopistas o autovías.

A esto se suma el atraso tecnológico del parque de maquinaria agrícola: el 73% de los tractores y el 46% de las cosechadoras tienen más de 15 años de antigüedad. Esta situación impacta directamente en la productividad, que en Argentina cayó 6% en los últimos 20 años, mientras que en Brasil creció un 45%.
Pese a este escenario, el informe destaca un dato clave: el 80% de los productores estaría dispuesto a invertir en modernización si mejoran las condiciones de rentabilidad y financiamiento, según el índice de confianza AgBarometer Austral.
Bajo un escenario de reformas que incluya la eliminación de retenciones, inversiones en infraestructura y tecnología, y la expansión de 6,5 millones de hectáreas, el agro podría no solo incrementar su producción sino también transformarse en el principal vector estructural del crecimiento económico argentino.
En ese marco, los especialistas coinciden en que el desafío no es únicamente sectorial, sino macroeconómico: reemplazar un esquema extractivo por uno basado en inversión, productividad y desarrollo sostenible que permita liberar todo el potencial del agro argentino.
