Chicharrita del maíz: el INTA advierte que el monitoreo temprano es clave para evitar decisiones innecesarias

Especialistas del INTA aseguraron que la detección temprana y el monitoreo permanente de la chicharrita del maíz permiten ordenar el manejo de la plaga y reducir riesgos. Los relevamientos muestran bajo impacto en maíces tempranos y una situación controlada en gran parte del país.

La chicharrita del maíz vuelve a estar bajo la lupa, pero esta vez con un mensaje claro desde el INTA: el monitoreo temprano y sistemático es la principal herramienta para tomar decisiones técnicas ajustadas y evitar aplicaciones generalizadas que no siempre están justificadas.

Durante un conversatorio con productores y técnicos, especialistas del organismo compartieron información actualizada sobre la presencia de Dalbulus maidis y el porcentaje de insectos portadores de los patógenos que provocan el achaparramiento del maíz. El eje del encuentro fue contundente: no hay recetas universales, cada lote requiere su propio diagnóstico.

Los datos de monitoreo disponibles indican que los maíces tempranos no presentan riesgo y que, en los maíces de segunda, la probabilidad de impacto es actualmente baja, sobre todo al sur del paralelo 30. Además, no en todas las zonas se registra presencia del insecto, lo que refuerza la necesidad de evitar generalizaciones y enfocar las decisiones con precisión.

“El monitoreo es la base de cualquier manejo”, explicó Eduardo Trumper, coordinador del Programa Nacional de Protección Vegetal del INTA. Según detalló, conocer si hay o no chicharritas y en qué densidad cambia completamente el enfoque técnico. “No es lo mismo detectar una chicharrita cada 100 plantas que una cada 10. En ambos casos hay presencia, pero el riesgo es totalmente distinto”, remarcó.

En el NEA y el NOA el escenario es diferente. Allí los maíces de segunda y tardíos se encuentran en estadios iniciales, los más susceptibles a la enfermedad. Sin embargo, los monitoreos actuales muestran densidades menores a las registradas durante la campaña 2023/24, cuando se dio el escenario epidémico. Por eso, el riesgo, si bien existe, sería inferior al de aquella campaña crítica.

Respecto al control químico, los técnicos insistieron en que debe ser la última alternativa y siempre basada en datos concretos de cada lote. En muchos casos, una aplicación focalizada en la bordura puede ser suficiente, salvo que los relevamientos indiquen una alta densidad de Dalbulus maidis en todo el campo. Además, recordaron que sólo deben utilizarse productos aprobados por el SENASA.

Si bien algunas aplicaciones pueden lograr eficacias cercanas al 80%, eso no garantiza el éxito total del control, ya que pueden producirse reinfestaciones desde lotes vecinos. Por eso, la estrategia no puede depender exclusivamente del uso de insecticidas.

El protocolo de monitoreo que utiliza el INTA se basa en recorrer 10 puntos dentro del lote y evaluar 5 plantas en cada uno, revisándolas cuidadosamente para evitar el escape de los insectos. También se evalúa un esquema más práctico para la toma de decisiones, que comienza con muestreos en la bordura y, si se detecta presencia, continúa hacia el interior del lote.

La información sobre la densidad de chicharritas se complementa con los datos de la Red Nacional Interinstitucional de Trampas de Monitoreo de Dalbulus maidis, que publica informes quincenales sobre el porcentaje de insectos portadores de patógenos, principalmente Spiroplasma. El INTA suma además sus propios análisis en distintas regiones, reforzando la mirada integral.

En el encuentro también se abordó la enfermedad del achaparramiento. María de la Paz Giménez Pecci, del IPAVE-CIAP, explicó que la campaña 2025/26 podría ubicarse en un punto intermedio entre la epidemia de 2023/24 y la tranquilidad sanitaria de 2024/25. Advirtió que los mayores riesgos podrían concentrarse en lotes muy tardíos o en resiembras.

Entre las principales herramientas de manejo destacó el vacío sanitario, la elección de germoplasma, el monitoreo constante y la fecha de siembra. “Hay que sembrar lo más temprano posible y evitar escalonar o resembrar”, señaló, además de remarcar la importancia de una correcta fertilización.

Por su parte, Emilia Balbi, del INTA Marcos Juárez, mostró datos que indican un aumento en la proporción de chicharritas portadoras de mollicutes en algunas zonas como Chaco, lo que refuerza la necesidad de mantener activa la vigilancia sanitaria.

Con este panorama, el mensaje técnico es claro: la chicharrita del maíz no se maneja con decisiones apuradas ni generalizadas. La clave está en medir, interpretar y actuar sólo cuando los datos lo justifiquen. El monitoreo temprano no sólo reduce riesgos productivos, sino que también ordena el manejo agronómico y evita costos innecesarios.