La campaña de cultivos de verano atraviesa un escenario desafiante marcado por la escasa disponibilidad de agua en los suelos, altas temperaturas y lluvias erráticas. Tras un 2025 con excesos hídricos, el cambio abrupto en las condiciones climáticas comenzó a impactar en el desarrollo del maíz, la soja y el girasol, generando fuertes diferencias productivas dentro de una misma región.
Desarrollo de la noticia
La evolución de los cultivos de verano muestra señales de preocupación en gran parte de la región agrícola, donde la limitada humedad en los perfiles del suelo condiciona el crecimiento y el potencial productivo de la campaña gruesa.
Luego de un 2025 caracterizado por precipitaciones abundantes e incluso episodios de anegamientos que provocaron pérdidas, las expectativas iniciales apuntaban a repetir un ciclo exitoso similar al de la campaña fina. Sin embargo, hacia finales del año pasado el régimen de lluvias se redujo de manera abrupta y, combinado con altas temperaturas y vientos intensos, generó un escenario adverso para los principales cultivos estivales.
La baja y errática pluviometría, sumada al manejo previo de los lotes, derivó en una marcada heterogeneidad productiva, con diferencias visibles tanto entre zonas como dentro de un mismo establecimiento.
Estrés hídrico en etapas clave
Los planteos tempranos de maíz, soja y girasol mostraron una buena evolución durante las etapas iniciales del ciclo. No obstante, al ingresar en fases reproductivas comenzaron a observarse síntomas de estrés hídrico en distintos sectores productivos.
Entre los principales indicadores se detectan pérdida de hojas, menor desarrollo vegetativo y señales de reducción del área foliar activa, factores que podrían traducirse en recortes del rendimiento potencial si las lluvias no se normalizan en el corto plazo.
Mayor vulnerabilidad en siembras tardías
En el caso de los planteos tardíos y de segunda, el impacto climático fue más evidente. Algunos lotes registraron fallas o demoras en la emergencia, acompañadas por un crecimiento más lento y desparejo entre plantas, reflejando las dificultades generadas por la falta de humedad superficial.

Sin embargo, los técnicos destacan que aquellos cultivos con fenología más retrasada aún conservan margen de recuperación, siempre que se concreten las lluvias previstas en los pronósticos de corto plazo.
El clima, factor decisivo
De cara a las próximas semanas, el comportamiento climático será determinante para definir el resultado final de la campaña. La reposición de humedad en los perfiles del suelo durante el período reproductivo resulta clave para sostener rindes y evitar mayores pérdidas productivas.
En este contexto, los productores siguen de cerca los pronósticos de precipitaciones, que podrían marcar un punto de inflexión para los cultivos de verano y reducir la incertidumbre que hoy domina el escenario agrícola.
Fuente: Bolsa Cereales de Bahía Blanca
