Tras dos campañas récord impulsadas por el cierre exportador de la India, el mercado mundial de arroz se reacomodó con fuerza. En plena cosecha, los valores cayeron más de 50% y la rentabilidad del productor argentino vuelve a quedar en jaque, con pérdidas de hasta US$300 por hectárea.
Del boom histórico al ajuste abrupto
La campaña arrocera argentina atraviesa uno de sus momentos más delicados. En pleno avance de la cosecha, el sector vuelve a hablar de números en rojo, luego de que el mercado internacional diera un giro brusco tras dos años excepcionales.
“El punto de partida fueron los precios históricos de 2023 y 2024”, explicó a LA NACION Hugo Müller, presidente de la Fundación Proarroz. Esa bonanza tuvo un factor decisivo: el cierre de exportaciones de la India, principal jugador global del mercado.
La decisión política que desordenó el mercado mundial
Según Müller, la medida adoptada por el gobierno indio respondió a una lógica interna. “Subió fuertemente el consumo y los precios internos, y con elecciones en puerta, Modi decidió cerrar las exportaciones”, señaló.
Esa decisión alteró el equilibrio global. “Se generó una suba que no estaba relacionada con stocks ni con la demanda real”, describió. El resultado fue una burbuja de precios sin precedentes.
Precios artificiales y señales equivocadas
Durante ese período, los valores escalaron a niveles históricos:
- Arroz indio: de los actuales US$350/360 a más de US$600 por tonelada
- Arroz tailandés y vietnamita: también arriba de US$600
- Arroces del Mercosur y Estados Unidos: cerca de US$700
- Arroz cáscara en la Argentina: US$400, un valor inédito
Ese escenario impulsó una fuerte expansión del área sembrada a nivel mundial. “Los productores plantaron más pensando que la demanda iba a sostenerse y, al mismo tiempo, subieron fuerte los costos”, explicó el dirigente.
El quiebre: India vuelve al mercado y los precios se derrumban
El punto de inflexión llegó tras las elecciones en la India. “Cuando Modi ganó en octubre de 2024, liberó las exportaciones y los precios se desplomaron un 50% en todo el mundo”, afirmó Müller.
El impacto fue inmediato en la Argentina. “Pasamos de vender arroz cáscara a US$400 a US$180 por tonelada en marzo de 2025”, detalló.
Un golpe global, sin red de contención en el Mercosur
La crisis no fue exclusiva del país. “Hubo quebrantos en todos los países productores”, indicó Müller, y recordó que incluso en Estados Unidos el gobierno debió intervenir. “Donald Trump tuvo que subsidiar a los arroceros con US$300 por hectárea”.
En el Mercosur, en cambio, el ajuste cayó directamente sobre los productores. “Tuvimos que vender muy por debajo de la paridad, perdiendo entre US$200 y US$300 por hectárea”, señaló.
Aun así, el bloque logró una fuerte salida exportadora tras la gran cosecha 2024:
- Mercosur: casi 5 millones de toneladas
- Argentina: 1 millón
- Brasil: 1,5 millones
- Paraguay: 1,1 millones

Menos área, mismos problemas
Pese al recorte del área sembrada, los precios no repuntan. “Si estos valores se mantienen, vamos a un segundo año consecutivo de números en rojo”, advirtió Müller.
El riesgo es estructural: “Un año se puede aguantar después de dos campañas muy buenas, pero si esto no mejora, es probable que el año próximo veamos productores saliendo de la actividad”.
El ajuste ya se refleja en la superficie:
- Campaña pasada: 227.000 hectáreas
- Campaña 2025/26: 195.000 hectáreas (–20%)
Costos altos, rindes que no alcanzan
Hoy, el principal cuello de botella es el margen económico. “El arroz cáscara se vende a US$180 la tonelada, pero el costo por hectárea está entre US$1.800 y US$1.900”, explicó Müller.
Incluso con rindes de 8.000 kilos por hectárea, el resultado sigue siendo negativo: pérdidas de US$200 a US$300 por hectárea.
El clima, otro factor en contra
A la presión de precios se sumaron problemas climáticos. “Tuvimos exceso de agua en el norte y una primavera inusualmente fría en Entre Ríos, que afectó el stand de plantas”, detalló.
Además, el frío de enero impactó en el desarrollo del cultivo. “La planta quedó más chica, la espiga más chica y con menos granos”, agregó.
Mercado interno limitado y dependencia del mundo
El consumo interno ofrece poco alivio. “Es bastante inelástico, alrededor de 600.000 toneladas base cáscara. El resto depende del mercado externo”, explicó. En 2024, la Argentina exportó cerca de un millón de toneladas a destinos diversificados.
Un competidor difícil de enfrentar
Para Müller, el desafío es sostener la actividad hasta que el mercado encuentre un nuevo equilibrio. “Mejorar productividad y tecnología puede ayudar, pero el contexto externo pesa mucho”, señaló.
Y concluyó con una advertencia clave: “Competir contra la India, que maneja el 40% del mercado mundial y subsidia a productores y exportadores, es extremadamente difícil”.
