El INTA, junto a productores y con apoyo del BID, desarrolla un proyecto para integrar espacios de conservación en sistemas productivos. La iniciativa busca potenciar servicios ecosistémicos y mejorar la sustentabilidad en el agro argentino.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria avanza en una innovadora iniciativa que propone integrar espacios de conservación dentro de los sistemas productivos agropecuarios, con el objetivo de mejorar la biodiversidad y potenciar los servicios ecosistémicos.
El proyecto, denominado “Estudio de Espacios de Conservación de Agroecosistemas” y financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, abarca distintas regiones del país y sistemas productivos, incluyendo cultivos extensivos pampeanos, ganadería en bosques de espinal y vitivinicultura en la región de Cuyo.
La propuesta apunta a transformar sectores tradicionalmente relegados dentro de las fincas —como bordes de caminos, bajos inundables o lagunas— en áreas funcionales que aporten beneficios al sistema productivo. “Buscamos que estos espacios dejen de ser marginales y se integren al agroecosistema, contribuyendo con servicios como control biológico, regulación hídrica y provisión de polinizadores”, explicó Pablo Cavigliasso, del INTA Marcos Juárez.
Codiseño con productores
Uno de los ejes centrales del proyecto es el trabajo conjunto con productores y empresas, a través de un enfoque de coinnovación que permite adaptar las prácticas a cada realidad productiva.
Para ello, el INTA estructuró una red de seis sitios piloto que se extienden desde Córdoba hasta el norte de la Patagonia, donde equipos técnicos trabajan en conjunto con productores en la implementación y evaluación de estos esquemas de conservación.
En la región de Mendoza y San Juan, el foco está puesto en la vitivinicultura y fruticultura bajo riego, donde se evalúan prácticas como la incorporación de vegetación entre hileras para reducir la erosión y mejorar la fertilidad del suelo.
Biodiversidad y eficiencia productiva
Especialistas del INTA destacan que la biodiversidad cumple un rol clave en los sistemas productivos. La incorporación de vegetación natural permite mejorar la estructura del suelo, favorecer la presencia de fauna benéfica y reducir la dependencia de insumos externos.

Experiencias concretas en bodegas como Doña Paula y Domaine Bousquet muestran avances en la implementación de modelos más sustentables, con incorporación de parches de vegetación, manejo de fauna y transición hacia sistemas orgánicos y regenerativos.
Según destacan los técnicos, estos cambios no solo aportan beneficios ambientales, sino que también mejoran la estabilidad productiva y la eficiencia de los sistemas a largo plazo.
Una estrategia con impacto nacional
El proyecto también incluye relevamientos en campo, generación de indicadores de biodiversidad y elaboración de herramientas prácticas para facilitar la toma de decisiones por parte de los productores.
Además, la articulación público-privada es clave para validar las tecnologías en condiciones reales. “Los estudios se desarrollan directamente en fincas mediante convenios de cooperación técnica”, remarcaron desde el organismo.
Con esta iniciativa, el INTA busca consolidar un modelo de producción más sustentable, donde la conservación de la biodiversidad se integre como un componente activo del sistema agropecuario, generando beneficios tanto ambientales como productivos.
