Las intensas precipitaciones en el centro-norte de Santa Fe regularon las tareas agrícolas y ralentizaron la cosecha, aunque resultaron clave para sostener las expectativas de rendimiento en soja y maíz.
El último informe del Sistema de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Comercio de Santa Fe, correspondiente al período del 18 al 24 de marzo de 2026, evidenció el fuerte impacto de las lluvias en toda la región, con registros que en algunos departamentos superaron los 150 milímetros.
Las precipitaciones, distribuidas de manera heterogénea, configuraron tres escenarios: zonas con más de 150 mm en el centro-sur provincial, áreas con acumulados de entre 90 y 145 mm, y sectores del norte con menos de 80 mm. Este comportamiento condicionó el ritmo de las labores agrícolas, especialmente en el sur y centro del área relevada, donde la falta de piso y la elevada humedad limitaron la actividad.

En este contexto, la cosecha de maíz temprano avanzó con lentitud, alcanzando el 68 % del área, con un progreso semanal de apenas 3 puntos. Sin embargo, los rendimientos relevados resultaron alentadores, con picos de hasta 145 qq/ha en el centro y valores destacados también en el sur provincial.
La soja temprana, por su parte, mostró una evolución muy favorable. Las lluvias llegaron en un momento clave para el llenado de grano, permitiendo sostener las expectativas de rendimiento. El 95 % de los lotes se encuentra en condiciones buenas a muy buenas, con un desarrollo homogéneo y buen estado sanitario, aunque persisten monitoreos por chinches y enfermedades de fin de ciclo.
En cuanto a la soja tardía, también se observó una evolución positiva, con buen desarrollo general, aunque con algunas limitaciones en sectores del norte por estrés hídrico previo.
El algodón presentó un panorama más complejo. La superficie sembrada cayó entre un 22 % y un 24 % interanual, y si bien los rindes iniciales se ubican en niveles aceptables, la actividad de cosecha se vio interrumpida por las lluvias. Además, se detectaron lotes muy afectados por el picudo algodonero, lo que podría derivar en el abandono de algunos cultivos.
En sorgo granífero, la superficie implantada también retrocedió un 10 % y el inicio de la cosecha mostró rindes moderados, condicionados por las condiciones climáticas.
Por último, el maíz tardío evidenció un desarrollo sin inconvenientes, favorecido por las recientes precipitaciones, mientras que los perfiles de suelo mostraron una elevada carga de agua útil. No obstante, en zonas bajas se registraron anegamientos, producto de cinco semanas consecutivas de lluvias.
El escenario general refleja una campaña gruesa marcada por la dualidad: lluvias que, si bien frenaron las tareas, resultaron determinantes para sostener el potencial productivo en gran parte del área agrícola santafesina.
