Riego agrícola: el potencial oculto que puede sumar 5 millones de toneladas y 27 mil empleos en Argentina

Un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina revela que ampliar y modernizar el riego permitiría producir más maíz, soja y trigo, generar 2 empleos cada 100 hectáreas y fortalecer la sustentabilidad en un contexto de sequías crecientes.

En un escenario atravesado por sequías recurrentes y márgenes ajustados, el riego aparece como una herramienta con impacto directo en producción, empleo y dólares. Un nuevo trabajo de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) pone números a ese potencial: más superficie irrigada podría traducirse en millones de toneladas adicionales de granos y en miles de puestos de trabajo en el interior productivo.

Hoy en Argentina se riegan unas 2,1 millones de hectáreas, pero el potencial estimado alcanza las 7,5 millones. Esa brecha es la que, según el estudio “Propuestas para impulsar el riego en la agricultura argentina”, esconde una oportunidad estratégica.

Políticas en agenda: el rol del RIMI

Para que la expansión del riego se convierta en realidad, FADA plantea un paquete de medidas concretas:

  • Amortización acelerada para inversiones en sistemas de riego.
  • Devolución de saldos técnicos de IVA.
  • Reducción del IVA (actualmente en 27%) sobre la energía eléctrica destinada al riego agropecuario.
  • Impulso al uso de energías renovables para abastecer estos sistemas.

Estas iniciativas ya forman parte del debate público tras su incorporación en el Régimen de Incentivo a la Mediana Inversión (RIMI).

El impacto en números: empleo, producción y exportaciones

Como ejemplo, el informe analiza qué ocurriría si se expandiera el riego complementario en Córdoba y Buenos Aires. Los resultados son contundentes:

  • Más de 27.000 nuevos empleos, lo que equivale a 2 puestos cada 100 hectáreas incorporadas al riego.
  • Inversiones por USD 2.328 millones.
  • USD 1.120 millones adicionales en valor bruto de producción.
  • USD 432 millones más de recaudación fiscal.
  • USD 935 millones extra en exportaciones.

El efecto multiplicador no se limita al lote: más producción implica mayor demanda de insumos, servicios, transporte, industria y logística portuaria, dinamizando economías regionales.

Qué cambia en el campo

A nivel productivo, el riego puede modificar por completo el esquema de decisiones del productor.

La inversión promedio en un sistema con pivote eléctrico ronda los USD 2.000 por hectárea. A cambio, los resultados pueden ser significativos: en Buenos Aires, los rindes podrían incrementarse hasta 62% en soja y 85% en maíz.

En Córdoba, además de elevar rendimientos, el acceso al riego puede definir la posibilidad misma de sembrar trigo en determinadas zonas, transformando el planteo productivo y reduciendo la vulnerabilidad frente al clima.

Más eficiencia, menos improvisación

El estudio también destaca el avance del riego de precisión, que permite aplicar el agua en la cantidad y el momento exacto que requiere el cultivo. Esto no implica “usar más agua”, sino gestionarla mejor, con criterios de eficiencia y sustentabilidad.

En ese esquema, la energía juega un rol clave. El riego eléctrico consume cerca de un tercio de lo que demanda uno a gasoil, aunque la disponibilidad de infraestructura eléctrica no siempre acompaña. Allí aparece la oportunidad de integrar energías renovables, como paneles solares, para reducir costos y huella ambiental.

Con más de 7 millones de hectáreas potencialmente irrigables, el desafío no es solo técnico, sino también político y financiero. Si se alinean incentivos, inversión y tecnología, el riego podría convertirse en uno de los motores silenciosos del próximo salto productivo argentino.