Trigo: advierten que en Argentina solo se logra el 52% del rendimiento potencial y hay margen para mejorar

Especialistas de la Universidad Católica Argentina (UCA) señalaron en Expoagro que existe una importante brecha productiva en el cultivo de trigo. En sistemas de secano, los rindes actuales alcanzan apenas poco más de la mitad del potencial, lo que abre oportunidades de mejora mediante ajustes en el manejo agronómico.

Durante una jornada técnica realizada en el marco de Expoagro, especialistas de la Universidad Católica Argentina (UCA) alertaron sobre la amplia brecha que existe entre el rendimiento potencial del trigo y los resultados que actualmente se obtienen en los campos argentinos.

El análisis fue presentado en la charla titulada “Manejo y brechas del rendimiento en trigo: ¿Qué hacemos bien y qué hacemos mal? ¿Cómo podemos mejorar?”, a cargo de los ingenieros agrónomos Miguel Mac Maney y Horacio Repetto, docentes de la carrera de Ingeniería Agronómica y de la Tecnicatura Universitaria en Producción Agropecuaria de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agrarias de la UCA.

Durante la exposición, Mac Maney explicó que el rendimiento del trigo puede analizarse en tres niveles: potencial, alcanzable y logrado.

El rendimiento potencial depende principalmente de factores estructurales del sistema productivo, como la localidad, el genotipo elegido y variables agronómicas como la fecha y densidad de siembra. El rendimiento alcanzable, en cambio, está condicionado por la disponibilidad de recursos, principalmente agua y nutrientes. Finalmente, el rendimiento logrado es el que efectivamente se obtiene en el campo y suele verse limitado por factores bióticos, como enfermedades o malezas.

En ese marco, el especialista destacó que muchas de las decisiones que permiten acercarse al rendimiento potencial no necesariamente implican mayores costos.

“Sembrar en la fecha correcta, con el genotipo adecuado tiene el mismo costo que no hacerlo. Usar los recursos potenciales no tiene un costo adicional”, explicó.

Al analizar la situación actual del trigo en sistemas de secano, Mac Maney señaló que existe una brecha productiva significativa.

“Hoy esa brecha es del 52% en los rendimientos de granos del trigo. Esa es la brecha que tenemos que trabajar”, afirmó.

Según indicó, el objetivo técnico debería ser que los sistemas productivos puedan alcanzar al menos el 80% del rendimiento potencial del cultivo, un nivel que consideró razonable para los sistemas agrícolas actuales.

Entre los factores que explican esa diferencia aparecen principalmente aspectos vinculados al manejo agronómico. De acuerdo con estudios realizados en distintas regiones productivas del país, uno de los principales limitantes es la fertilización.

En la zona núcleo, por ejemplo, el especialista señaló que gran parte de la brecha está asociada a la fertilización fosforada insuficiente.

“Los factores que limitan los rendimientos están en la mayoría de las regiones. Principalmente faltan niveles de aplicación de dosis de fertilizantes”, indicó.

A este problema se suman otras prácticas que también influyen en la productividad del cultivo. Según el técnico, en muchos casos se detecta una elección inadecuada de los cultivos antecesores o un bajo uso de fungicidas para el control sanitario.

“Fertilizamos poco, no elegimos los antecesores adecuados y el uso de fungicidas sigue siendo poco común. Todo eso junto, con otros factores, hace que perdamos rendimiento”, advirtió.

A pesar de estas limitaciones estructurales, la última campaña de trigo mostró resultados muy positivos. Según recordó el especialista, el ciclo pasado registró un récord de rendimiento promedio de 40,10 quintales por hectárea, favorecido principalmente por condiciones climáticas muy favorables durante el desarrollo del cultivo.

Las lluvias oportunas, sumadas a temperaturas moderadas, la ausencia de heladas durante etapas sensibles y la falta de enfermedades como fusarium durante la floración generaron un escenario ideal para el desarrollo del cereal.

También influyó una alta intercepción de radiación solar durante el período crítico del cultivo y condiciones térmicas sin extremos durante el llenado del grano.

Sin embargo, Mac Maney advirtió que los altos rendimientos pueden tener un efecto colateral en la calidad del grano. Cuando la producción es muy elevada, puede registrarse una dilución del nitrógeno absorbido por la planta, lo que se traduce en menores niveles de proteína.

“Tener 10% de proteína está indicando que se está por debajo del rendimiento potencial del lote”, explicó.

Frente a este escenario, los especialistas destacaron que existe un amplio margen para mejorar la productividad del trigo mediante ajustes en el manejo agronómico.

Entre las herramientas disponibles mencionaron el uso de modelos agronómicos más avanzados, como Triguero 2.0, desarrollado por CREA y la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA). Estas herramientas permiten optimizar decisiones clave como la fertilización nitrogenada.

A ello se suman otras prácticas fundamentales, como la reposición adecuada de nutrientes, la correcta elección de variedades, la definición estratégica de la fecha de siembra y el monitoreo sanitario permanente del cultivo.

En conjunto, los especialistas remarcaron que mejorar el manejo agronómico sigue siendo la principal vía para reducir la brecha productiva del trigo en Argentina y aprovechar mejor el potencial de los sistemas agrícolas.