Trigo récord, pero sin calidad: la industria molinera en alerta por la falta de cereal apto para panificar

La campaña triguera 2025/26 dejó una cosecha histórica de 27,8 millones de toneladas, pero con un problema que complica a toda la cadena: la baja calidad del grano. Molinos y exportadores debieron reconfigurar procesos y estrategias ante la escasez de trigo con proteína y gluten suficientes para panificación.

El volumen récord de trigo no vino acompañado de la calidad habitual. Factores climáticos impactaron en la formación del grano y derivaron en niveles de proteína y gluten por debajo de los estándares que requiere la industria alimenticia.
Esto generó un escenario inédito: hay mucho trigo disponible, pero poco que cumpla con las condiciones mínimas para panificar.

La molinería cambia su forma de trabajar

Desde la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) advirtieron que la situación es generalizada en todo el país. “No existe un solo molino que no haya tenido que cambiar sus procesos productivos”, afirmó su presidente, Diego Cifarelli.
A diferencia de otros años, no hay regiones “salvadoras” que puedan compensar la mala calidad de otras zonas.

Datos que confirman la gravedad del problema

Sobre más de 3.000 muestras analizadas, el contenido promedio de gluten fue de apenas 20,7%, cuando el estándar mínimo para panificación es del 26%.
Solo el 3,5% del trigo evaluado alcanzó ese umbral, según las Cámaras Arbitrales de las Bolsas de Cereales de Buenos Aires y Bahía Blanca. Para la industria, este dato refleja con claridad la magnitud del desafío.

Ajustes técnicos en los molinos

Ante la falta de trigo apto, los molinos debieron modificar su operatoria habitual:

  • Amasados más cortos y controlados.
  • Menor uso de agua para lograr masas más firmes.
  • Fermentaciones más breves.
  • Revisión de la dosificación de mejoradores.

Además, se intensificó la clasificación del grano para definir qué partidas pueden destinarse a panificación y cuáles a otros usos.

Impacto en la relación con los clientes

Desde FAIM señalaron que es clave informar a panaderos, fábricas de pastas y galletitas sobre las características del trigo disponible. Muchas exigencias de calidad siguen siendo las de una campaña normal, lo que genera tensiones comerciales y obliga a ajustar recetas y procesos productivos.

Exportación: más volumen, más complejidad

El problema de calidad también se traslada al comercio exterior. Con una cosecha de 27,8 millones de toneladas, la Argentina necesita exportar unas 18 millones.
Según Gustavo Idígoras, presidente de Ciara-CEC, ya se registraron embarques por 8 millones, pero aún quedan unas 10 millones de toneladas por colocar. El desafío es que parte de ese trigo no cumple con la proteína mínima exigida en los contratos internacionales.

Más mercados y destinos alternativos

Para canalizar la producción, la exportación apuesta a una fuerte diversificación. Además de los destinos tradicionales, se suman envíos a Vietnam, Indonesia, norte de África y China.
Incluso, parte del trigo de menor calidad podría destinarse a consumo forrajero, algo poco habitual para un país que históricamente exportó trigo para alimentación humana.

Un problema coyuntural, no estructural

Desde la molinería remarcan que no se trata de una crisis permanente, sino de una campaña atípica. “El sector tiene el conocimiento técnico para adaptarse”, subrayó Cifarelli, aunque advirtió que el trigo industrial no es un simple commodity, sino una materia prima clave para la elaboración de alimentos básicos de la dieta argentina.